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Noticia Ampliada

  • 04/05/2026
  • Los nuevos descubrimientos de las neurociencias. ¿Cómo decidimos una inversión?

Por Gabriel Holand, autor de “Invertir y ganar es posible (aunque nadie dijo que fuera fácil)”, de Ediciones B Argentina (www.hrglobal.com.ar).

Las últimas conclusiones de la neuroeconomía sugerirían que todo aquello que imaginamos “racionalmente conocer” acerca de nuestra conducta como inversores, poco nos acerca a la realidad. En principio, muchos suponen que cuanto más aprendi­zaje financiero acumulemos y más tratemos de comprender los mercados, mejor nos irá.


Y numerosos economistas sostendrán que los inversores saben identificar aquello que quieren, y que también logran obtener el balance entre tomar mayores riesgos para conseguir más abultadas ganancias, pues usan información lógica en pos de sus objetivos.
Sin embargo, la mala noticia es que, para otros pensadores, todas esas presunciones están lejos de verificarse a la hora de invertir el dinero.


- Según los conceptos del matemático suizo Jacob Bernoulli, a través de la teoría de los grandes números, los seres humanos somos racionales al tomar nuestras decisiones con entornos de riesgo y, por lo tanto, creemos valorar obje­tivamente qué ganancias obtendremos de ellas. Sin embargo, algunos estudios actuales revelan que esto dista de resultar cierto, al menos en forma masiva.

Y ello debido a las diferentes tendencias que tenemos los humanos a ser excesivamente cautelosos (risk averse) o, por el contrario, a convertirnos en demasiado arriesgados (risk see­king), de acuerdo con la situación o el momento de nuestras vidas que atravesemos.
Por otro lado, es común que las personas demos mayor grado de credibilidad de ocurrencia a hechos poco probables o, por el contrario, prestemos poca atención a situaciones con mayor probabilidad de que sucedan. Esto, claro está, ocurre en el mundo de las inversiones, pero también en muchas otras circunstancias vitales.


b. Tenemos mucho temor a las pérdidas

Diversos estudios de campo corroboran que resulta mayor el disgusto por perder una suma de dinero, que el placer que sentimos al ganar el mismo monto.
Claramente, a nadie le gusta sen­tirse perdedor. Por eso, cuando gana­mos pensamos que es gracias a nuestra habilidad; pero, si se produce una pérdida, es por culpa del mal conse­jo que nos dio el banquero…
Por otro lado, existe la relatividad de los valores. Porque una cosa es, en términos del “poder de compra”, el impacto al perder el 50% de una cartera de 10 mil pesos, y otra, el mismo porcentaje sobre 10 millones de pesos.
Asimismo, ganar 5 mil pesos tiene menor valor absoluto para el apostador que obtener 5 millones, cualquiera sea el ta­maño del portafolio.
Como se ve, además de las proporciones (valores relati­vos), ponderamos también el efecto real monetario (valores absolutos).


c. ¿Nos satisface en mayor grado recibir 100 pesos hoy, o la promesa de obtener con seguridad 200 pesos dentro de 6 meses?
Según estudios neurológicos actuales, aplicados a los mer­cados, nuestro cerebro prefiere elegir compensa­ciones inmediatas en vez de retribuciones mayores que impli­quen cierta espera. Atención con nuestra comprobada tendencia a valorar con mayor fuerza la satisfacción inmediata, ¡aun cuando el premio por postergarla resulte más conveniente!
Porque, evidentemente, esto desfavorece la decisión de todo inversor, ya que los portafolios de inversión miden su eficiencia en el mediano y el largo plazo.


¿Significa eso que, si un activo ya perdió atractivo, debo guardarlo igual? Para nada; pero hay que estar advertidos que las decisiones apresuradas de compra-venta, a cambio de reparar de inmediato la insatisfacción sufrida o pretender ga­nar siempre en el corto plazo, generalmente logran sólo darle rentabilidad al agente de bolsa.


Finalmente, resulta útil entender y explicar los aspectos de la conducta humana que no se ajustan a los modelos económi­cos tradicionales, aunque estos patrones de comportamiento, a veces son poco tomados en cuenta por los economistas.
Vale recordar que, detrás de cada decisión de inversión, existe una persona que toma decisiones según su propia estructura emocional y el momento que atraviesa su vida.
Por tanto, servirá compren­der cómo y desde qué lugar cada inversor elige sus opciones, las cuales se­rán en parte o completamente distintas de las de otro individuo.

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