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Noticia Ampliada

  • 23/04/2026
  • La educación del paladar de los chicos

Por el Dr. Guido Bergman y Patricia Haidbauer, Directores de Programar Proyectos Educativos, www.programareduca.com

Enormes baldes de pochoclos en el cine, el super-pancho, el mega helado, las hamburguesas dobles, los aderezos extras. La vida sedentaria sumada a la ingesta indiscriminada de comida con poco aporte nutricional contribuye a que el número de chicos con problemas de nutrición crezca a un ritmo apresurado. Temas como la obesidad de los más jóvenes y su peligrosa escalada, las influencias de gastronomías ajenas a nuestras costumbres y el consumo de productos manufacturados centran el eje de un debate en el que la preocupación por los alimentos que consumen los más chicos y su directa repercusión en su salud es primordial.

Aprender el hábito de comer
Es durante la infancia cuando se desarrollan los hábitos nutricionales y esos hábitos se incorporan, en gran medida, por imitación de los adultos. Comer es una costumbre más y su procedimiento ha de ser progresivo con la finalidad de aprender a comer correctamente. Desde sus primeros días de vida, el niño es sensible a todo aquello que ve y percibe, y copiará todo lo que hacen sus padres. Si éstos no se alimentan correctamente, es muy probable que acaben comiendo todo aquello que ven en su casa, lo que puede, en mayor o menor medida, perjudicar su salud.

Los pequeños tienen un tiempo concreto de adaptabilidad a los alimentos, de manera que no podemos forzarlos a ingerir todo tipo de productos desde el primer día, como si fueran adultos. Esta estrategia nunca resulta. Hay que tener en cuenta que cada niño tiene un aprendizaje totalmente distinto, y por ello, hay que ofrecerle una alimentación adaptada a sus propias necesidades.

Cómo transmitir nuevos sabores de forma divertida Una forma de incorporar alimentos a la dieta de los más pequeños es haciéndolos participar de su elaboración. Los más jóvenes disfrutan inventando platos que, posteriormente comen con ilusión y satisfacción. Ésta es una de las claves para educar a los niños en la cocina, creando un entorno agradable para que el sabor de los nuevos alimentos vaya entrando poco a poco, de forma natural. Una manera de transmitir nuevos productos de forma divertida y amena.

Es importante enseñarles el proceso, la cocción de los alimentos y su elaboración porque, con ello, acaban comiendo de todo. Los grandes funcionamos como guías y desde ese rol debemos saber guiar a los chicos, enseñándoles la diversidad de artículos que existen en los mercados.

Nuevos hábitos, menos tiempo para cocinar Hoy el mundo corre y los hábitos van cambiando. En ese escenario, los padres no tienen demasiado tiempo para cocinar elaborados platos, como hacían nuestras abuelas. Hoy, cuando llegan a casa, lo primero que hacen es preguntar al niño: ¿qué quieres cenar? Pero antes de hacer esta pregunta, hay varias cosas que debemos indagar: lo primero que se debe hacer es comprobar si el niño ya ha merendado y si tiene suficiente hambre, pues la tendencias marcan que damos excesiva comida a nuestros hijos, y eso puede ser una de las causas que provoca el aumento de la obesidad. Una cocina controlada y sin excesos es el mejor de los hábitos para nutrirse correctamente.

Actualmente, nuestros hijos están muy mimados en el sentido que se les da de comer lo que ellos realmente quieren. Pero alimentación es igual a educación, es igual a constancia. Y este tiene que de ser el primer eslabón en la cadena de prioridades para los pequeños, más allá de las mil actividades diarias que realizan. Establecer una buena educación y ofrecer una alimentación equilibrada es pensar en el presente de los chicos, pero también en el futuro, con el fin último de curar enfermedades, derivadas de una mala y descuidada alimentación, tales como el sobrepeso, la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, etc.

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