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Noticia Ampliada

  • 11/04/2026
  • Vacaciones y divorcio

Por Leonardo Glikin, Presidente de CAPS Asociación Civil, www.caps.org.ar

El fin de las vacaciones puede significar el comienzo de un proceso de ruptura en la pareja. Estadísticamente, uno de cada tres matrimonios resuelve divorciarse al regresar de sus días de descanso.
"Los sacrificios exigidos por las vacaciones son siempre mayores que los exiguos placeres que otorga (interminables esperas para sacar pasaje, excitación de los preparativos, incomodidades del viaje, búsqueda de hotel, mala alimentación, trastornos gástricos por el cambio de régimen, problemas de estacionamiento para el que tiene coche, problemas de transporte para quienes no lo tienen, ambiente de agresividad constantemente creado por gente amontonada y sin nada que hacer). Los miembros de la familia que durante el año de trabajo se ven solamente a la hora de comer deben compartir todo el día aflorando en esas circunstancias todos los conflictos latentes. Por otra parte, la ausencia de trabajo que los turistas anhelaron durante todo el año, al no haber sido educados para el ocio, los vuelve fácil presa del tedio que los psiquiatras llaman "neurosis de domingo". Pocos además ven satisfechas las fantasías eróticas que proyectaron sobre las vacaciones. Finalmente, las vacaciones resultan una frustración para todos".

Aunque parezca una cita del diario de hoy, el fragmento pertenece a "Mar del Plata, el ocio represivo", un libro del sociólogo Juan José Sebreli, que fue famoso en la década del '70.

No debería sorprendernos la vigencia del texto, ya que los trastornos debidos a la convivencia durante las vacaciones se actualizan cada año y se hacen evidentes en la cada vez mayor cantidad de consultas por divorcios que se producen sobre el final de la temporada.

Las vacaciones suelen ser traumáticas para algunas parejas, no acostumbradas a compartir más que unos pocos minutos diarios para conversar durante la rutina. A propósito de esto, la hipótesis de que la rutina, lejos de ser mala, salva parejas que se acostumbran a vivir viéndose sólo unas pocas veces al día, puede ser un punto de análisis.
Hay una creencia errada de que a las parejas en crisis las salvan los hijos o las vacaciones, pero es un error: a muchos matrimonios, paradójicamente, los salva la rutina.

Durante el año, siempre está el pretexto de los chicos, los deberes y la rutina salvadora. Pero, en las vacaciones, no hay excusas y evitarse es casi imposible.

Otra de las dificultades de los integrantes de las parejas en crisis durante los meses de verano es a quién recurrir cuando llegan a esta situación. Pues, al momento de obtener contención, muchos amigos y familiares están fuera de la ciudad y, cuando buscan apoyo psicológico, en muchos casos los propios profesionales se encuentran de vacaciones.

Por eso, cuando la vedette del verano es la separación, es importante vivir la circunstancia en la forma más ordenada y pacífica posible, hablando sobre todo con la propia pareja para luego tomar una decisión sobre la mejor manera de resolver el conflicto.

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